El secretario de Estado de EE UU cambia con pretextos ideológicos la tipografía de los documentos oficiales

Mire con atención esta M con que se abre el artículo. Observará que sus astas paralelas, esos palos verticales que descansan sobre el imaginario suelo de la línea, están apoyadas en una especie de mínima alfombra. Esa base que tiene la m en su pie, que comparten la i y el resto de las letras de esta tipografía, se llama serifa y es propia de la fuente usada en EL PAÍS. En cambio, los titulares de la sección de Deportes de este periódico en su versión en papel son letras sin serifa, también llamadas letras paloseco. La serifa conoce otros nombres: remate, terminal, patín o gracia, por eso es posible que en textos que tratan de imprentas y de edición encontremos que se habla de “fuentes con gracia” o “tipos sin remate”. Una vez conté esto de la serifa como mera anécdota en clase y un alumno me dijo que las fuentes con serifa eran letras con su poquito de tontería. Es otra manera de llamar a la gracia.

La legibilidad de una letra depende de hechos técnicos específicos (el grosor del trazo, la separación entre caracteres, la presencia o no de remates) y de otros elementos del entorno de escritura. Por ejemplo, los textos con alineación justificada, es decir, distribuidos uniformemente entre ambos márgenes, con bordes rectos a izquierda y derecha, son menos legibles que los alineados a la izquierda. Los expertos en mejora de la accesibilidad han mostrado que las letras sin serifa son más legibles para personas con dificultades visuales.