Se ve que quienes usan esa sigla dan por descontado que millones de personas la conocen al dedillo
La avara gestión de la empresa privada Ribera Salud en el hospital público de Torrejón de Ardoz (Madrid) ha originado que la sigla CEO aparezca ahora con extremada frecuencia en los medios de información general (principalmente en EL PAÍS, diario que reveló los hechos), así como en los ...
consiguientes debates políticos y periodísticos. Se ve que quienes la usan dan por descontado que los millones de personas a quienes se dirigen la conocen al dedillo, porque casi nunca les explican qué quiere decir. Otra posibilidad, claro, es que esto lo ignoren.
El referido abreviamiento se documenta en los bancos de datos académicos a partir de 1996. Salvo una excepción (El Mundo, 8 de junio de 1997), durante los primeros años aparece exclusivamente en la prensa latinoamericana. (Por entonces, CEO significaba en España “centro de enseñanza obligatoria”). Y a principios del siglo XXI se extendió ya en todo el ámbito hispano, cuando el desarrollo tecnológico inundó de anglicismos el lenguaje empresarial.
Las tres letras representativas de chief executive officer (director ejecutivo) se refieren al cargo que normalmente se sitúa entre el presidente (por arriba) y el director general (por abajo). El anglicismo se podría traducir o explicar, según cada ocasión, como “primer ejecutivo”, “principal directivo”, “gerente general” (más habitual en el español de América) o “consejero delegado”. En este último caso se refiere a la persona en quien el Consejo de Administración delega parte de sus competencias y le otorga así la mayor responsabilidad en la gestión de la compañía. A veces ese cargo se hace compatible con el de presidente o director general, según el Diccionario Lid de empresa y economía, dirigido por Marcelino Elosua (2003).








