La institución vive un año después de las elecciones una situación de colapso por denuncias enfrentadas, con el candidato perdedor al frente de la gestión
El Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (Icomem) no está pasando por su mejor momento. No solo por la tensa situación que vive la Junta Directiva, bajo el mando de Manuel Martínez-Sellés, actualmente en un limbo legal tras haber superado el tiempo de interinidad en el que entraron cuando se canceló el acceso al puesto al presidente electo, Tomás Merina, el pasado diciembre en las urnas por presuntos problemas con su candidatura. También porque, según la última auditoría de las cuentas del colegio, que analiza la gestión durante 2024, las arcas de la institución han bajado considerablemente hasta cifras no vistas los últimos años: comenzaron el año 2024 con 4,2 millones de euros de fondo y este año lo han hecho con 66.718 euros. Y en 2023 habían entrado 8,9 millones en la caja.
El principal agujero en las cuentas está provocado por las obras que se desarrollan en la sede principal de la institución, el edificio ubicado en la calle de Santa Isabel número 51. El gasto de esas obras fue uno de los frentes por el que la candidatura de Merina atacó a la de Martínez Sellés durante el período electoral. La actual Junta directiva comenzó estas reformas durante la pasada legislatura con el objetivo de ganar dinero alquilando a terceros las diferentes salas con las que cuenta el inmueble. Con esos fondos aumentarían la “independencia” financiera de la institución, que actualmente se sustenta casi por completo con las cuotas que pagan los 52.000 médicos que hay en la Comunidad de Madrid, importe que el propio Martínez Sellés redujo en un acto de “populismo”, según decía Merina, y por el que han dejado de ingresar casi 2,5 millones de euros el pasado año.






