La plataforma de ‘streaming’ de audio más popular se suma a la moda de convertir cualquier servicio digital en una red social

Una persona cualquiera escucha una canción. Le recuerda a alguien. Desbloquea el móvil, pulsa el botón de compartir y, luego, el logo de Whats­App. Selecciona un contacto y la envía. Hasta agosto, ese intercambio ocurría fuera de Spotify. Pero la empresa se ha subido a una ola que recorre el universo de las aplicaciones: la interacción dentro de la plataforma. Ahora, los oyentes pueden enviarse mensajes privados sin abandonar el servicio de audio.

Cada vez más aplicaciones apuestan por integrar funciones sociales. La industria de los videojuegos fue pionera, pero fenómenos como Strava —el servicio deportivo que ha crecido vertiginosamente en los últimos meses— o Duolingo demuestran cuán importante es crear comunidades de usuarios, sin importar el rol que tenga la aplicación. El ingeniero en inteligencia artificial Tibor Blaho afirma incluso que ChatGPT está probando una versión beta para incluir mensajes directos.

Según ha comunicado Spotify por correo electrónico, la novedad se debe al interés de los usuarios por “compartir canciones, podcasts y audiolibros con amigos y familiares, así como para llevar un mejor seguimiento de las recomendaciones que reciben”. Pero para Borja Adsuara, abogado experto en derecho digital, el cambio responde a una estrategia de fidelización. “Mientras creas lazos con otros usuarios, creas lazos con la aplicación. Porque, claro, te das de alta por el precio, pero si están ahí tus amigos ya no te das de baja”.