El Tribunal Penal Internacional sigue buscando al sanguinario criminal ugandés, que escapó incluso de las garras de Estados Unidos
Joseph Kony es un loco de Dios. Uno cristiano. Se creía un profeta, cuya misión divina incluía secuestrar, violar, embarazar a adolescentes, mutilar y asesinar. Así lo hizo desde 1987 en Uganda al frente de un grupo armado con aires de secta, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), cuya firma era “utilizar a niñas como esclavas sexuales”,
> dice un auto del Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya, que acaba de reactivar su búsqueda.
El LRA secuestró a entre 40.000 y 80.000 personas en Uganda hasta mediada la década de los 2000. Al menos 100.000 personas murieron y más de dos millones quedaron desplazadas por la violencia de este grupo y de su enemigo, el ejército ugandés, según Naciones Unidas. A sus víctimas, Kony les cortaba las manos, las orejas, los labios y la nariz, que luego les obligaba a comerse.
En 2005, el TPI emitió una orden de detención contra él por 39 crímenes de guerra y contra la humanidad. Veinte años después nadie ha podido atraparlo —es el prófugo más antiguo reclamado por el tribunal—, pero ahora La Haya ha reactivado judicialmente la búsqueda, cuando ya pocos, aparte de sus víctimas, se acordaban de este criminal devenido en fantasma.






