La consejera delegada prepara un ambicioso plan de reestructuración que pasa por recortar 5.200 puestos a tiempo completo para 2028

La nueva consejera delegada de ABN Amro, Marguerite Bérard (París, 47 años), tiene unos ojos de un azul pálido, casi gris, ese tono que en los países calurosos a veces se asocia con cierta exclusividad. No desentonan en una directiva que prácticamente nació con un currículum vitae impecable y que dejó Francia en cuanto vio que su camino hacia el número uno empezaba a torcerse.

Las acciones del banco que dirige Bé­rard acaban de alcanzar su precio más alto desde que salió a Bolsa en 2015. El salto se produce después de que anunciara un plan de reestructuración que incluye recortar 5.200 empleos y mejorar la rentabilidad del grupo. La estrategia, presentada siete meses después de su llegada desde BNP Paribas, es uno de los cambios más ambiciosos que ha vivido ABN Amro desde que volvió al mercado hace una década, tras haber sido rescatado durante la crisis financiera. En la Bolsa de Ámsterdam, los títulos llegaron a subir un 6,5% en un solo día, y acumulan más de un 90% de revalorización en lo que va de año, muy por encima del promedio del sector bancario europeo.