Pensar que los sistemas electrónicos actuales son más estables que los viejos papiros es un error

Si los bisontes de Altamira o los ciervos de Lascaux fueran mensajes para el futuro, es decir, para nosotros, ¿cómo lo sabríamos? ¿Y qué demonios querrían decir? ¿Que en Cantabria hay bisontes? Pues muy m...

al, porque ya no hay ni uno. Estos paleolíticos pintaban muy bien, pero no tenían ni idea del futuro. Tomemos un ejemplo más abstracto, como esos estarcidos que se hacían plantando una mano en la pared de la cueva y soplando un pigmento sobre ella. Se pueden ver en la cueva del Castillo, no muy lejos de los bisontes, o en la de Leang Timpuseng, en Indonesia. ¿Querían decirnos algo? Esperemos que no fuera algo muy importante, porque allí no se entiende nada.

Tampoco se entiende el dibujo simbólico más antiguo del que tenemos noticia, las nueve líneas cruzadas formando triángulos que aparecieron grabadas en una piedra de la cueva Blombos, en Sudáfrica. ¿Qué era eso, el skyline de las montañas de la época? ¿Una lección de geometría? ¿Un regalo para el Black Friday cavernícola? Quizá solo fuera un tipo probando el lápiz de ocre, pero el dibujo tiene nada menos que 73.000 años, y ya nos gustaría a nosotros hacer algo tan perdurable. Si eso era un mensaje, en cualquier caso, la clase de receptor a la que iba dirigido ya no existe, y, por tanto, no tenemos forma humana de descifrarlo. Lo mismo pasará con los mensajes que nosotros pretendamos ahora enviar al futuro, ¿no? ¿O no?