El tribunal lo considera culpable del autogolpe de 2022 y condena también a Betssy Chávez, la ex primera ministra refugiada en la embajada de México
Pedro Castillo, el profesor de sombrero de copa alta que representó la esperanza de las regiones excluidas, ha sido condenado este jueves a 11 años y cinco meses de cárcel por el delito de conspiración. Hace tres años, el 7 de diciembre de 2022, el entonces presidente dio un mensaje a la nación, con las manos temblorosas. Disolvió el Congreso, instauró un gobierno de excepción, decretó un toque de queda y anunció la reorganización del sistema de justicia. El país entró en caos. Castillo había dado un autogolpe, tal como Alberto Fujimori en 1992.
Pero su maniobra política apenas duró un pestañeo. No hubo tanques de guerra en las calles. Las Fuerzas Armadas le dieron la espalda y el maestro sindical fue arrestado mientras se dirigía a la embajada de México para asilarse. El Congreso lo vacó por incapacidad por amplia mayoría y nombró a Dina Boluarte como su sucesora. Hubo quienes dijeron que estuvo drogado, que no estaba en sus cabales. Sus abogados y sus simpatizantes negaron que el golpe existió. En todo este tiempo han sostenido que solo fue una tentativa porque nadie disparó una sola arma y que más bien Castillo ha sido una víctima de la clase política y los grupos de poder, quienes nunca le dieron la posibilidad de gobernar.







