Las encuestas muestran que los jóvenes no están entusiasmados con ser llamados a filas, pero sí crece en Europa la certeza de que habrá que defenderse de Rusia
“En este mundo de hoy, para ser temido hay que ser y parecer fuerte”. El presidente francés, Emmanuel Macron, sabe perfectamente que Europa no inspira miedo. Y que, según afirman fuentes militares más o menos sotto voce, no se trata de saber si habrá o no una guerra con Rusia, sino cuándo comenzará. El Elíseo da a entender que será de aquí a 2030, y por eso ha lanzado ya, al igual que Alemania, el proyecto de un servicio militar voluntario que cree un clima de opinión (y de afición a las armas) entre los jóvenes y que haga posible su reenganche si las cosas se ponen realmente feas.
El ambiente en París estaba ya caldeado porque hace unos días, el jefe de las Fuerzas Armadas, el general Fabien Mandon, aseguró: “Francia debe recuperar el espíritu que acepta que estamos dispuestos a sufrir... incluso a perder a nuestros hijos, para proteger lo que somos”.
La cuestión —realmente de vida o muerte— está sobre la mesa. Las encuestas demuestran que los jóvenes no están entusiasmados con la idea de ser llamados a filas, pero sí está creciendo en la conciencia europea la certeza de que, querámoslo o no, habrá que defenderse contra los rusos, que llevan meses provocando con sus drones. Casi la mitad de los ciudadanos europeos ve claro el peligro y la necesidad de tomar medidas, incluido el retomar la mili obligatoria, cosa que no entusiasma en absoluto ni a los menores de 30 años ni a las mujeres.








