Un juzgado impone ocho meses de tareas socio-educativas y una orden de alejamiento a los cuatro agresores adolescentes

Las clases han terminado. Pablo se sube al coche de su padre. Se dirigen a casa tras salir de un colegio de Cáceres. Al llegar al garaje, en plena calle, siete chavales de tercero de la ESO le esperan en la acera. Son las tres de la tarde. De pronto, los adolescentes comienzan a insultar a Pablo:

―¡Hijo de puta!, ¡puto gay!

El vehículo frena en seco. El padre de Pablo se baja del coche de inmediato. Los menores, lejos de frenar su actitud, continúan con improperios, plantándole cara. En tono chulesco y desafiante, insisten:

―Uy, qué miedo, que viene el padre.