El estado del bienestar y la capacidad de adaptación de sus ciudadanos son claves para encabezar el ranking

Un duro viento económico azota al país más feliz del mundo, Finlandia. Pero tras 1.000 días de desempleo, Juho-Pekka Palomaa, de 33 años, no se ha dejado vencer por los problemas del país del norte de Europa. Finlandia se enfrenta al estancamiento económico, al aumento del desempleo y a unas finanzas públicas en crisis, pero aun así logró asegurarse el título de país más feliz del mundo por octavo año consecutivo, según el Informe Mundial de la Felicidad de este año, elaborado por SDSN en colaboración con Gallup.

Su éxito, según los expertos, se debe en gran medida a un generoso estado de bienestar, un sistema que se está recortado a medida que se enfrenta al creciente coste social del envejecimiento de la población.

La economía finlandesa, dependiente de las exportaciones, ha enfrentado dificultades desde que el negocio de telefonía de Nokia, que en su día fue la empresa más valiosa de Europa, colapsó en 2014 tras fallar en la transición a los teléfonos inteligentes con pantalla táctil. Las sanciones impuestas a la vecina Rusia por su guerra en Ucrania también han afectado a las exportaciones y el turismo, mientras que la incertidumbre sobre los aranceles y el comercio mundial representa un desafío adicional.