Desde que huyó de la justicia española y hasta su detención, Martiño Ramos Soto se presentaba en Cuba como un hombre de negocios haciendo turismo. Incursionó en los circuitos culturales, donde contactaba con jóvenes a través de la fotografía

Martiño Ramos Soto, Martín Soto para los cubanos que lo han conocido en la isla, se ha movido como pez en el agua por La Habana desde que llegó a la capital cubana durante el verano pasado, prófugo de la justicia española, mientras era condenado a 13 años y seis meses de prisión por abusar sexualmente de una alumna de 12 años en Galicia. Allí vivió tranquilamente hasta que se hicieron públicos sus delitos y este lunes se ha comunicado su detención, efectuada por la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).

De su situación legal y de sus comportamientos criminales, nada sabían quienes lo trataron en sus meses de “clandestinidad” en la capital del país caribeño, hasta que se destapó la noticia este fin de semana. Para todos era un ciudadano español más haciendo turismo por la ciudad, un hombre de negocios tomándose un break, siempre con su cámara a cuestas, paseándose por exposiciones, conversando con artistas y jóvenes modelos, entre tragos, sonrisas y música.