El Vaticano no aceptó la dimisión del prelado de Cádiz tras cumplir 75 años en la idea de que los obispos están fuera de toda sospecha

Entre los variados motivos por los que el papa Francisco era detestado por muchos obispos, además de por ser jesuita y por haberse negado a venir a España en viaje oficial, destacó su decisión de investigar el origen de los abusos y las razones para encubrirlos. Escoció que el Vaticano encargase a dos obispos uruguayos, y no a prelados españoles, un informe sobre el funcionamiento de los seminarios, con la recomendación de i...

gnorar las injerencias de los prelados diocesanos. Pasados casi dos años y llamados a consulta en el Vaticano todos los obispos, nada se sabe de los resultados, pero sí que hubo tres consejos, oportunos al caso de lo sucedido en el seminario de Getafe con su rector y desde hoy ex obispo de Cádiz, Rafael Zornoza: cambiar la manera de formar a los seminaristas, la inclusión de mujeres entre el profesorado y una vigilancia permanente, desde todos los puntos de vista.

Para entonces, había sido un trallazo de sinceridad el comentario que hizo Francisco cuando supo que las tropelías del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, se conocían desde su etapa como estudiante con los jesuitas en el seminario pontificio de Comillas, en Cantabria, y que se encubrieron durante 63 años. No se castiga a un amigo del Papa, oía. No se investiga ni se molesta a uno de los nuestros. Hablamos de obispos, nada menos, los elegidos por Dios como pontífices máximos en sus diócesis. Así se creen. Con esa idea, muchos medios de comunicación, por decirse católicos, se han resistido a informar durante décadas sobre los casos de pederastia en la Iglesia romana. ¿Un obispo malo? Los sacerdotes o frailes, aún, pero ¿un obispo, un cardenal? Imposible.