Una visita a Niklas Frank cuando se cumplen 80 años de los juicios que acabaron con la condena a muerte de llamado ‘Carnicero de Polonia’ y otros líderes alemanes
Niklas Frank no puede quitarse de encima a su padre, el criminal nazi Hans Frank. Nunca podrá. Él lo compara con un duende, un espíritu maligno que estuviese agarrado a sus hombros, y no lo soltase. Para siempre lo tendrá con él....
“Yo odiaba a mi padre”, dice, en una mañana nublada de otoño, en su casita en la llanura al norte del Elba, un lugar que parece sacado de un cuento de los hermanos Grimm. “Ahora lo desprecio”.
Niklas tenía 6 años cuando su padre se sentó en el banquillo de Núremberg. El juicio empezó el 20 de noviembre de 1945, hace hoy 80 años. Hoy él tiene 87, se quedó viudo hace tres y, mientras encadena un cigarrillo tras otro, desgrana los recuerdos y se lamenta por esta Alemania y este pasado que jamás acaba de pasar.
“Nunca terminará”, explica, “porque las víctimas siguen vivas, ardiendo en mi cerebro”.








