Donostia-San Sebastián, Las Palmas de Gran Canaria y Ribamontán al Mar, en Cantabria, animan a surfear cuando más agitadas están las aguas: a partir de ahora y hasta marzo. Tres destinos donde también esperan escuelas, tiendas especializadas y ricos sitios para comer

La expansión del surf, en tanto que disciplina deportiva y motor económico y social, ha superado todas las expectativas. Atrás quedaron las campañas alentando este deporte indisolublemente unido a la adrenalina, el equilibrio (más o menos precario) o el contacto con la naturaleza, entre otras consecuencias hedónicas. Hoy se trata de gestionar, de poner puertas al mar, estableciendo límites...

entre riders por libre y escuelas; compatibilizar la diversión acuática entre surfistas y bañistas salvaguardando el desarrollo armónico y sostenible del territorio. Una cultura del oleaje que pide a gritos reorganizar la oferta poniendo coto a la masificación.

A fin de debatir y compartir buenas prácticas, la Red Mundial de Ciudades de Surf (The World Cities Network, WSCN) celebra a partir de mañana y hasta el 23 de noviembre su asamblea anual en Las Palmas de Gran Canaria. La red integra 18 urbes distribuidas en ocho países de Europa y América, de manera que se ven representadas las formaciones montañosas de Nazaré (Portugal), la olas históricas de Miraflores (Perú), cuya tradición basada en artefactos de totora precede al acerbo hawaiano, lo mismo que el oleaje desatado en la comuna de Lacanau (Gironda), cuna y meca del deporte de la tabla en Francia.