Aunque su carrera se extiende casi tanto como su vida, aquel niño adorado, aquel efebo deseado y este actor respetadísimo sabe que el trabajo no lo es todo. Ni siquiera el de alguien que pudo decirle que no a Hollywood
Hay que coger aire antes de enumerar los puntos más suculentos de la trayectoria de Pedro Mari Sánchez: niño prodigio de la canción, benjamín robaescenas en La gran familia, ídolo adolescente, habitual de Estudio 1, mito erótico, intérprete teatral en ascenso, cuerpo del deseo en el
is.com/cultura/2025-09-11/fabulosamente-friki-la-delirante-the-rocky-horror-picture-show-se-sigue-coreando-50-anos-despues.html" data-link-track-dtm="">Rocky Horror, cantante pop, voz escogida por Stanley Kubrick, intérprete teatral consagrado, actor de culto con Eloy de la Iglesia, productor de espectáculos arruinado una, dos y hasta tres veces, intérprete teatral de alcance internacional, protagonista de un corto nominado al Oscar, rostro televisivo, conferenciante enamorado de la palabra. Existencias múltiples, pero engarzadas en una vida que está por encima del currículo.
“El cine y el arte están muy bien, lo que hacemos merece toda nuestra implicación y todo nuestro compromiso, pero es más importante vivir”, resume un hombre sosegado a punto de cumplir 72 años, delante de una infusión endulzada con sacarina. Durante hora y media de charla, este manchego por los pelos (nació en Ciudad Real pero la familia se trasladó a Madrid cuando contaba once meses) convoca docenas de instantes de esos con los que cualquiera con más ego se vanagloriaría una tarde entera. No es el caso de Sánchez, que tan pronto como a los doce años se permitió plantar a Hollywood para tener algo tan mundano y tan valioso como “una infancia”. Un reciente susto cardiaco le ha confirmado que no carga con arrepentimientos de peso, y le ha confirmado que las ganas y la pasión por el oficio permanecen intactas. En cualquier caso, empecemos por la salud.







