Javier Ambrossi y Javier Calvo mantendrán su colaboración profesional tras su separación sentimental, una prueba de su importancia en el audiovisual español

La noticia cayó como una bomba poco antes de las seis de la tarde del pasado martes. Los Javis se separan tras 13 años de relación sentimental. En cuestión de horas, incontables medios, algunos incluso internacionales, se hacían eco de la exclusiva de la periodista de EL PAÍS Andrea Jiménez sobre el tándem de cineastas formado por Javier Ambrossi (Madrid, 41 años) y Javier Calvo (Murcia, 34 años), firmantes a cuatro manos de una de las filmografías de mayor y más consistente éxito crítico y comercial en la memoria reciente española. Como noticia del corazón, su recorrido resulta inversamente proporcional a tan explosivo recibimiento: dos adultos ponen fin a una relación de manera cordial, no hay más que contar dentro del terreno del interés público.

Como noticia cultural, sin embargo, nos confronta con la existencia (y el devenir) de la marca Javis, la muy personal huella que el dúo deja en las obras que crea. No porque se encuentre en peligro: no lo está, tiene el futuro inmediato asegurado. En la misma noticia, Jiménez cita fuentes cercanas a Ambrossi y Calvo según las cuales ambos “están trabajando juntos mejor que nunca”, refiriéndose al largometraje La bola negra, cuyo rodaje terminó la semana pasada, “el proyecto más bonito de su carrera”. Pero, por sus dimensiones y potencial, la marca Javis suscita gran interés. En menos de 15 años, y con independencia de lo que el futuro lejano depare, Ambrossi y Calvo ya han generado un legado: si hay algo que justifique el trance de aprender a trabajar con un ex, quizá sea eso.