El presidente del Gobierno ha demostrado que sabe que las redes sociales comerciales están intoxicando la democracia, pero no pasa a la acción
Tiene la palabra el presidente del Gobierno: “Algunas redes sociales, que en su origen tuvieron una finalidad muy distinta a la que tienen hoy, no propagan la verdad, sino que propagan bulos; no propagan la convivencia, sino que propagan la polarización. Y eso tiene mucho que ver con las finalidades políticas de unos tecnoligarcas que están influyendo de manera activa o pública en procesos electorales […] Lo estamos viendo en Reino Unido, en Alemania, en Francia […] y sin duda lo veremos en España”.
Pedro Sánchez tiene razón. La semana pasada, la cadena británica de televisión Sky publicó un reportaje en el que se crearon nueve cuentas de X (antes Twitter) emulando a nueve personas de tres intereses políticos distintos: tres de izquierdas, tres de derechas, y tres de centro. La investigación llegó a la conclusión de que la red social del tecnoligarca Elon Musk está amplificando contenidos radicales de extrema derecha, no por casualidad, la ideología del propio Musk.
Es una decisión absolutamente premeditada. Desde este mes, el tradicional algoritmo de X ha sido completamente abandonado. La inteligencia artificial propiedad de Musk, Grok, es la que decidirá en todo momento, teóricamente, qué contenido ofrecer en respuesta a los intereses de los usuarios de la plataforma. Grok, como toda IA generativa, en sus inicios tendía a ofrecer en sus respuestas un sesgo paralelo a los sesgos mayoritarios de los contenidos en Internet. Pero desde el principio eso le pareció insuficiente a Musk, que nunca ha ocultado su deseo de que su inteligencia artificial piense como piensa él, con sus sesgos tecnófilos, tránsfobos y racistas. Su última medida ha sido forzar a su IA el uso de la Grokipedia, la versión de la Wikipedia adaptada a los prejuicios del patrón.






