El prelado ha dejado en Cádiz un reguero de cristianos críticos con su labor pastoral, despidos injustificados y se ha significado por una gestión que busca el beneficio económico por encima de todo
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El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, al que investiga el Vaticano por una supuesta agresión sexual continuada a un menor, ha tomado decenas de decisiones polémicas desde que llegó a la ciudad andaluza hace 14 años, pero siempre con un faro muy claro: el dinero. Despidos improcedentes, desahucios injustificados, apropiación de tierras y bienes para el obispado, además de un reguero de represalias contra críticos internos. Así intentaba contar con el silencio del resto de la comunidad católica gaditana, entre ellos los sacerdotes que defienden una Iglesia menos ligada al beneficio económico y más pegada a los pobres.
“Es muy sectario, muy dictador, no empatiza, no dialoga y solo se rodea de los que le aplauden. Solo le preocupa la cuestión de cómo hacer dinero, nada que ver con los valores cristianos. Su actitud no es evangélica, sino mundana, tiene un perfil de empresario inmobiliario, siempre pendiente de solares, fincas, pisos“, relata Juan Cejudo, miembro del grupo de cristianos de reflexión y acción Bahía de Cádiz, que define sin titubeos la figura controvertida de Zornoza. Y añade: “Queríamos un obispo pastoral y dialogante con los curas, pero es autocrático, soberbio y un obispo nada sensible con los problemas sociales. Son posturas incompatibles con un cristiano normal, no digamos ya con un obispo”.







