Gobierno atribuye la matanza en la prisión de Machala, en el sur del país, a una disputa entre las bandas criminales Los Lobos y Sao Box
“Alburqueque Robles Juan Gabriel, Ochoa Zuquilanda Luis Alfonso, Soto Hinostroza Luis Jordy, Sánchez Álava Víctor Manuel…”, gritaba un policía frente al portón del centro penitenciario de Machala, una ciudad costera del sur de Ecuador que se convirtió en un cementerio. Cada nombre era el de uno de los 27 presos asesinados la tarde del domingo 9 de noviembre, en una nueva masacre carcelaria. “Gómez Romero Abel Eduardo…”, continuó leyendo el agente, hasta que el grito desgarrador de una mujer lo interrumpió.
“¡Déjeme escuchar!”, exigía entre el tumulto que voceaba los nombres de sus familiares. El policía leyó 27 nombres que corresponden a los reclusos asesinados en la cárcel, que se sumaban a los cinco muertos horas antes, la madrugada del mismo domingo, en un enfrentamiento a tiros entre presos, que también dejó una treintena de heridos.
La muerte de los 27 está rodeada de muchas incógnitas y del silencio gubernamental. No hubo motín, ni señales de violencia en los cuerpos. “Entre ellos cometieron asfixia, lo que produjo muerte inmediata por suspensión”, se limitó a informar, en un confuso boletín, el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Privadas de Libertad, SNAI, la entidad encargada de las cárceles. Los presos fueron hallados colgados en las celdas de mínima, mediana y máxima seguridad, alrededor de las seis de la tarde.










