El documental ‘Popel’ narra la investigación que siguió desde el País Vasco hasta Praga el rastro de Anjel Lekuona y otros españoles asesinados por los nazis

Su destino era el olvido. Después de ser fusilados en el campo de concentración de Hradischko, los cuerpos del vasco Anjel Lekuona y de otros seis españoles terminaron en un crematorio civil de Praga. Una vez incinerados, sus restos debían usarse como compost: los nazis no querían que quedara ni un solo rastro. Pero el director de los hornos de Strašnice, en 1945, guardó más de 2.000 urnas, entre ellas las de los republicanos exiliados por el fascismo. Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin, nadie reclamó sus ceniz...

as. Pasaron casi 80 años antes de que los familiares supieran dónde se encontraban. El hallazgo fue fruto de una investigación iniciada por un historiador y por el sobrino de Lekuona, que puede verse en el documental Popel y que se estrena hoy viernes en Bilbao.

Como si de ficción se tratara, todo comenzó con una carta olvidada. La madre de Antón Gandarias (Gernika, 64 años) —sobrino de Anjel Lekuona— la guardaba escondida en su mesilla. “Durante el franquismo”, recuerda Gandarias, “las cosas no estaban para decir que tenías un hermano mayor que había luchado a favor de la República y que había huido”. No fue hasta la muerte de Franco cuando el cajón se abrió. Escrita a mano por un compañero de su tío que sobrevivió al campo de Hradischko, narraba el recorrido que siguieron por la Alemania nazi hasta el 10 de abril de 1945, cuando Lekuona fue asesinado por la SS. “Esa carta es el kilómetro cero de esta investigación”, enfatiza Gandarias por teléfono a EL PAÍS durante el preestreno de Popel. Sin embargo, pese a haberla leído “infinidad de veces”, hubo un detalle que pasó inadvertido.