La competición adapta el formato tradicional de de juego y entierra una de sus señas de identidad en un movimiento estratégico para conseguir puntos de la clasificación mundial
LIV deja de ser LIV. O al menos tal y como la Liga saudí de golf nació en 2022 para revolucionar su deporte y provocar una división entre los jugadores que permanecieron en los circuitos tradicionales y los fugados a la nueva y millonaria competición. Aquel terremoto estaba basado en altísimos contratos con los que pescar a algunas de las mayores estrellas y en un formato de juego rompedor: tres jornadas y 54 hoyos por torneo (de ahí su nombre, LIV es 54 en números romanos) en lugar de las tradicionales cuatro rondas y 72 hoyos, sin corte, con una clasificación individual y otra por equipos, con música en el campo… La fórmula ha perdurado hasta que este martes LIV anunció que a partir de la próxima temporada, que comienza en febrero de 2026, dejará de jugarse a 54 hoyos y pasará a los clásicos 72.
El volantazo de la Liga saudí supone acabar con parte de su revolucionaria identidad para acercarse al golf tradicional. De fondo late el gran objetivo, demandado por sus propios jugadores, de que los torneos de LIV puntúen para la clasificación mundial, circunstancia que ahora no sucede y que hunde a sus golfistas en un listado que es el baremo, por ejemplo, para clasificarse para los grandes. El establecimiento de un corte puede ser el siguiente paso hacia esta meta después de que la Liga saudí haya profundizado en los sistemas de clasificación a través de la escuela y en un modelo de ascensos y descensos por méritos deportivos como el golf clásico.







