Los diagnósticos por imagen son una herramienta cada vez más usada: por encima de 50 millones al año. El aumento de peticiones genera un cuello de botella, puesto que faltan 420 especialistas en el sistema, según Sanidad

La medicina tradicional, la de palpar, tocar y diagnosticar, ha ido mutando a una que se apoya cada vez más en la imagen. Los cribados preventivos, los avances tecnológicos, la búsqueda de mayor precisión, pero también el miedo al error de los galenos ―que a veces las encargan para curarse en salud― y la demanda social han disparado el número de pruebas:

.html" data-link-track-dtm="">TAC, ecografías, resonancias que no siempre son imprescindibles (varios estudios estiman que alrededor de un tercio no son necesarias). Los profesionales que integran el sistema, sin embargo, no han crecido al mismo ritmo. Las listas de espera aumentan, la pública no da abasto y lo resuelve concertando paquetes de pruebas con clínicas privadas.

El último informe sobre déficit de médicos en España, encargado por el Ministerio de Sanidad, mostraba que hacían falta unos 420 radiólogos más (un 10% de los que hay) para cubrir las necesidades del Sistema Nacional de Salud. En teoría, se paliará en los próximos años, sumando los residentes que se incorporarán al sistema y restando los que se jubilarán. Según estos cálculos, para 2035 la oferta de profesionales habrá aumentado un 38%.