El combo del japonés, bateador y lanzador estelar, convierte a los angelinos en los primeros en defender título de la MLB en 25 años tras un loco séptimo partido en Toronto

La revolución a la que Shohei Ohtani, un genio incatalogable, ha sometido al béisbol tiene ya su eco en las vitrinas. Los Angeles Dodgers son el primer equipo que repite título en las Series Mundiales en un cuarto de siglo gracias al impacto total de un tipo que ya sería por sí solo uno de los mejores bateadores y pitchers del mundo, pero hace las dos cosas. Un prodigio sin precedentes en un deporte especializado al milímetro que responde a la creatividad de la cultura japonesa frente a las exigencias cada vez inmediatas de las canteras estadounidenses. Pero ni el jugador mejor pagado de las cuatro grandes ligas de EE UU –700 millones de dólares en diez años— acabó con esa maravillosa realidad de un deporte lleno de héroes ocasionales. Los que decidieron en la máxima agonía —por cuatro carreras a cinco— el séptimo partido en casa de los Toronto Blue Jays, que tuvieron a tiro devolver el trofeo a Canadá 32 años después.

Ohtani firmó su gran obra en el cuarto partido de las Series de Campeonato —el paso previo a la final— ante los Milwaukee Brewers. No solo mandó tres veces la pelota fuera del campo, igualando el récord de home runs de la historia de los playoffs, sino que añadió una actuación portentosa desde el montículo lanzando diez strikeouts, es decir, eliminando al rival sin que pudiera hacer contacto con la pelota. Un combo inédito en un siglo largo de la Major League Baseball y que decanta por decreto el MVP. Porque, además, tiene velocidad: el año pasado lo logró como el primero que conseguía 50 home runs y 50 robos de base en una temporada. Tiene ya tres galardones y, salvo sorpresa mayúscula, sumará el cuarto en unos días.