El tiempo no borra la injusticia: solo cambia la forma en que se administra

En las salas del Instituto Cervantes cuelgan textiles bordados por mujeres de los pueblos originarios de México. Son piezas de una belleza devastadora: geometrías cargadas de significado, símbolos ancestrales, memorias tejidas en hilo. Forman parte de la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena. Las mismas manos que hoy bordan tan hermosas telas vivieron bajo un sistema de castas que les negó durante siglos el derecho a ser vistas como plenamente humanas. España celebra el arte indígena,

co/2025-10-28/la-peticion-de-perdon-de-mexico-a-espana-las-claves-del-choque-diplomatico.html" data-link-track-dtm="">pero se niega a reconocer la violencia histórica que casi lo extingue. Ahí está la paradoja de esta crisis diplomática inconclusa. Llamar “indios” a los pueblos originarios fue el primer acto de una colonización no solo territorial, sino del saber. Cuando Colón llegó allí, creyó haber alcanzado las Indias Orientales, y un error geográfico se convirtió en una categoría política, jurídica y moral: el término “indio” nombró a millones de personas bajo un concepto ajeno, definiéndolas no por lo que eran, sino por lo que Europa pensaba que eran.