Zelenski niega que sus militares, inferiores ocho veces en número, estén rodeados, pero el pesimismo crece en Kiev ante la ofensiva del ejército invasor
Una docena de ataques rusos han alcanzado la gasolinera en la que trabaja como única empleada Lilia, de 45 años, en la carretera que conduce a la disputada y estratégica ciudad ucrania de Pokrovsk (Donetsk) desde la región de Dnipropetrovsk. Los impactos han convertido la estación de servicio en un escenario de película, con uno de los surtidores calcinado, salpicaduras de metralla por todas partes y el voladizo metálico hecho un acordeón. Como si estuviera de clausura, la mujer atiende con una leve sonrisa desde detrás de una puertecilla de mad...
era que abre solo para cobrar. Sorprende que negocios como este aguanten hasta tan última hora funcionando en una vía por la que pasan poco más que militares. “En cuanto se acabe el combustible que tenemos, cerramos”, aclara Lilia. Está a de 30 kilómetros de las posiciones rusas.
Con un despliegue estimado de unos 11.000 hombres —según los cálculos del propio ejército ucranio—, los soldados invasores están poniendo en aprietos a las tropas locales que, a duras penas, mantienen el control de Pokrovsk. Además de haberse infiltrado en pequeños grupos en la zona urbana, tratan de rodear toda la zona. “La situación más crítica se presenta ahora en el eje de Pokrovsk. Como en semanas anteriores, es allí donde los combates son más intensos y donde las fuerzas rusas están más concentradas”, señaló en la noche del miércoles el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.











