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El Real Madrid volvió a mostrarse infalible en el Movistar Arena y, después de un gran partido, logró una victoria vital para no desengancharse de la cabeza de la clasificación. Su triunfo frente al Fenerbahçe (84-58), muy lejos todavía del equipo que el año pasado se proclamó campeón de la Euroliga, reforzó la sensación de que es un grupo que va en ascenso. Aunque eso tendrá que demostrarlo lejos de su afición, donde no consigue avanzar.
Es curiosa la tendencia de este Madrid, un equipo tan asimétrico que lo gana todo en casa y lo pierde todo fuera. El conjunto de Sergio Scariolo se gustó en la primera mitad ante el Fenerbahçe. El campeón de la Euroliga está todavía formándose y chocó de frente contra la gran defensa madridista. Los exteriores se esforzaron por dificultar los ataques turcos y por dentro Edi Tavares y Usman Garuba —siete tapones entre los dos pívots— cerraron el candado.
Partido a partido, Campazzo ha ido entonándose y ahora mismo el Real Madrid vuela con el argentino en la pista. En el primer cuarto sufrió un frenazo cuando cometió su segunda falta personal en poco más de tres minutos, Pero la salida en tromba intimidó a Saras Jasikevicius, que tuvo que parar el partido con el primer arreón blanco (17-2 con un triple de Abalde). Luego su equipo recuperó algo de tino y con tres triples seguidos se acercó en el marcador.






