La banda de Río de Janeiro, objetivo de la sangrienta operación policial, nació en una cárcel hace casi medio siglo
El Comando Vermelho se apellida así, rojo, porque nació gracias a la alianza que unos presos comunes sellaron con unos presos políticos en la cárcel en 1979, durante la dictadura brasileña, aunque el adjetivo casa bien con la fama de sanguinario que acompaña desde entonces al grupo criminal más poderoso de Río de Janeiro y el segundo de Brasil. Aunque fue el pionero, hace muchos que le supera su gran rival, el Primer Comando de la Capital (PCC), de Sâo Paulo. El CV “es la facción más violenta, la que más se resiste ante la policía, su respuesta suele ser frontal”, explica Ignacio Cano, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Cano, estudioso del crimen organizado, sostiene que quien diseñó la operación policial para entrar hasta el fondo en la principal guarida del CV sabía que la reacción de sus miembros iba a ser furiosa. Respondieron con horas de balacera con armamento pesado y bombas lanzadas desde drones, “como en Ucrania”, comenta alucinado un carioca.
El martes estalló el pandemonio en las favelas de Penha y de Alemão. Los civiles se atrincheraron en sus casas intercambiando información con vecinos y allegados frenéticamente en grupos de WhatsApp. Cuando la balacera amainó, sabían que habría muchas víctimas por la intensidad y duración del tiroteo. Tienen práctica. Pero difícil imaginar que serían tantas. La operación policial fue tan letal que, con sus 132 muertos, entró en la Historia como la peor matanza brasileña.














