Quienes lloran a los fallecidos en la dana no descansarán mientras no termine el engaño. Mientras la verdad no traiga algo de paz a la tierra del corazón

Lo encontraron entre cañas y barro, por si hacía falta más relato. Un cuerpo. Solo eso. Un cuerpo desnudo. Un cadáver momificado entre el cauce del río Túria y la acequia del Faitanar. Sin embargo, no es solo un cuerpo. Es Javi. Y eso es lo que nos pasa. ...

Llevaba desaparecido casi un año, cuando las aguas de la dana se lo tragaron a él y a su hija Susana, una chica de 30 años con síndrome de Down. El cadáver de la joven apareció dos días después en una playa de Sueca. El río y la corriente marina la habían arrastrado 75 kilómetros desde la casa de Pedralba. De allí desaparecieron aquella tarde infinita que se empeña en no morir. Una tarde cuyo cerco de sangre y lodo ensombrece el ánimo de un pueblo herido y traumatizado. Un pueblo instalado en la paranoia del miedo. Un pueblo que ya no sabe oír llover.

Casi un año después ha aparecido el cuerpo de Javi a 31 kilómetros de casa. Parece una botella con mensaje que el destino embravecido arrojó al mar aquel 29 de octubre y que ahora es devuelta por el oleaje tranquilo del recuerdo.

Dijo Paul Celan que el poema es una botella con mensaje lanzada al mar con una esperanza: que alcance la tierra en algún lugar y algún momento, tal vez la tierra del corazón.