El político defiende que también los países alejados de Rusia deben contribuir a la defensa colectiva de la OTAN

El pasado 19 de septiembre, varios cazas rusos MiG-31 violaron el espacio aéreo de Estonia durante 12 largos minutos. Los pilotos italianos de la misión de policía aérea del Báltico, desplegada por la OTAN, llegaron a establecer contacto visual y les hicieron la señal internacional con la mano que significa “sígueme”. Los rusos la ignoraron. “O eres inimaginablemente estúpido al no entender lo que signif...

ica, o lo haces deliberadamente”, afirma Hanno Pevkur (Iisaku, 48 años), ministro de Defensa de Estonia, que tiene claro que la respuesta correcta es la segunda.

Para la pequeña república báltica —independizada de la Unión Soviética en 1991 y con casi 300 kilómetros de frontera con Rusia—, la incursión supone un nuevo toque de atención sobre la necesidad de defender el flanco noreste de la Alianza Atlántica. Pevkur, que atendió a EL PAÍS durante el foro World in Progress celebrado en Barcelona, cree que todos los aliados deberían sentirse amenazados por Moscú, independientemente de la distancia que los separe.

Pregunta. Cazas rusos en el cielo de Estonia, en el de Polonia, drones en Dinamarca. ¿Qué busca Moscú?