La gala anual en el teatro Campoamor de Oviedo pone sobre la mesa las grandes dificultades que atraviesa la civilización, con discursos de los galardonados Eduardo Mendoza, Byung-Chul Han, Graciela Iturbe y Mario Draghi
“Hoy pensamos que somos más libres que nunca, pero en verdad vivimos bajo un régimen despótico neoliberal que precisamente explota la libertad”, dijo el pensador alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han desde el escenario del teatro Campoamor, en Oviedo, durante la ceremonia anual de entrega de los Premios Princesa de Asturias. Luego, partiendo de las ideas (no citadas) de Michel Foucault, abundó: “Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria regida por la prohibición y la orden, sino en una sociedad del rendimiento que, supuestamente libre, se define por la capacidad de poder hacer”. Un “poder hacer” que al final resulta un modo de opresión y coacción. Así, arremetió contra la primacía de los smartphones, la autoexplotación y el síndrome del burnout, al hilo de las ideas centrales de su obra, coronada po el ensayo La sociedad del cansancio. “El ser humano a menudo se convierte en esclavo de sus propias creaciones”, sentenció. Y la política tiene el deber de dominar el desarrollo tecnológico. Son ideas que triunfan en el mundo, aunque el mundo vaya en dirección contraria.







