Un circuito que mezcla las modalidades clásica, rápida y relámpago es la fórmula del número uno para paliar la influencia de las computadoras
Aunque el número de partidas distintas posibles sea mayor que el de átomos en el universo conocido, los componentes artísticos y deportivos del ajedrez han cedido ante la parte científica (preparación casera con chips muy potentes). Ante el previsible fracaso del freestyle (la posición de las piezas se sortea 15 minutos antes de cada ronda), Magnus Carlsen, de 34 años, número uno del mundo desde 2010, apuesta ahora por un circuito de cuatro torneos anuales en tres modalidades mezcladas: clásica (cuatro o cinco horas), rápida (menos de una) y relámpago (menos de 10 minutos). El noruego está aún lejos de la gran marca de Gari Kaspárov, quien lideró la lista mundial 20 años...
(1985-2005).
“Está bien pensado. Reunir múltiples formatos bajo un mismo paraguas proporcionará una visión más completa de las fortalezas de los jugadores, a la vez que el ritmo de juego se adapta mejor a sus expectativas y al público actual”, dice Carlsen. En realidad, quien más lo ha pensado es él mismo -es lo que propuso a la Federación Internacional (FIDE) en las negociaciones de Madrid (julio de 2022) para cambiar el formato del Mundial antes de renunciar al título poco después. Formalmente, la propuesta viene ahora de los organizadores del torneo Norway Chess de Stavanger (Noruega), muy respetados en el ámbito del deporte mental por su seriedad, eficacia y espíritu innovador.






