Además de una carrera en Hollywood que la hizo famosa y querida, la recientemente fallecida actriz fue una hábil agente de bienes inmuebles con los aumentó su patrimonio, así como una defensora del legado arquitectónico de Los Ángeles, su ciudad natal

Tres días después de su inesperada muerte, el mundo y la industria del entretenimiento aún intentan recomponerse sin Diane Keaton (Los Ángeles, 1946). A sus 79 años, la actriz inconfundible y musa de Woody Allen —quien escribió el papel de la exitosa Annie Hall pensando en ella—, murió el sábado 11 de octubre, según comunicó a la revista People un portavoz de la familia. Un fallecimiento del que todavía no han trascendido las causas. “Sin ella, este es un mundo más triste”, ha dicho en homenaje a la intérprete el director que la dirigió en otros títulos como Manhattan (1980) y Días de radio (1987). Allen, que también ha confesado en el medio The Free Press que "todas las reglas quedan suspendidas cuando se habla de Diane Keaton”, no se quedaba corto. En el enorme mundo de la actriz había sitio para una descomunal carrera en el cine y también para su otra gran pasión: el diseño de interiores y remodelación de casas, lo que le reportó incluso más beneficios que Hollywood.