El nuevo libro de Bob Stanley amplía la historiografía de la música pop a la primera mitad del siglo XX

Fue uno de los grandes pecados de la generación rock: el edadismo. Ingenuamente, nos creíamos propietarios de una música única, cuando realmente era continuación de tradiciones consolidadas, con evidentes equivalentes en otras latitudes culturales. Tiene sentido que sea un músico como Bob Stanley, de Saint Etienne, quien puntualice ese error. Estudioso de la música popular, autor del excelente Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno (Taurus), publica ahora otro tomo indispensable: Let’s do it. El nacimiento de la música pop (Liburuak) ofrece un vertiginoso recorrido por la primera mitad del siglo XX, dinamizado por su fervor del explorador en tierras desconocidas.

Stanley comprueba que muchos fenómenos modernos tienen raíces profundas, con la presencia constante de la nostalgia (la llamada retromanía aparece prácticamente desde el principio del pop). Su visión, aviso, es muy anglófila: presta más atención a la música hawaiana que a la infinitamente más caudalosa corriente latina, con notables despistes como atribuir a los boleros caribeños un origen español e ignorar la enorme influencia del tango.