Descubridor de la clonación, su trabajo fue olvidado y después reivindicado tras el nacimiento de la oveja ‘Dolly’

A veces se puede cambiar el mundo con humildad. “Buenas, me llamo John Gurdon y trabajo con sapos”. Así se presentaba un científico extraordinario, descubridor de que el tiempo biológico no es irreversible, inventor de la clonación, pionero de la reprogramación genética y Premio Nobel de Fisiología o Medicina. En las reuniones científicas su sitio favorito era con los estudiantes, que la mayoría de las veces no sabían quién era, charlando, preguntándoles sobre su trabajo y haciéndol...

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es sentir importantes.

La historia de John Gurdon, que falleció esta semana a los 92 años, es un ejemplo de tesón frente a la adversidad y del papel de la serendipia en nuestra existencia. Criado en Surrey, en el sur de Inglaterra, pronto desarrolló un interés por la naturaleza que le llevo a coleccionar mariposas y a querer ser científico. Esta ambición se vio truncada por el informe de su tutor de Eton, donde estudió, que le evaluó como último de una clase de 250 con la profecía de que “a la vista de su proceder, su interés por ser científico es, francamente, ridículo… estudiar biología sería una pérdida de tiempo para él y para los que le tengan que enseñar”. Siguiendo un estilo inglés muy de la época, le mandaron a estudiar latín y griego.