“No sabían mi historia, o por lo que pase durante 20 años al intentar tener mi propia familia”, cuenta sobre el tiempo que estuvo sometida a tratamientos de fertilidad, en una entrevista para la revista ‘Harper’s Bazaar’

Antes de ser una estrella de Hollywood, Jennifer Aniston (Los Ángeles, 56 años) es “como cualquier otro ser humano”, según ella misma. Así que los comentarios y rumores sobre su vida también le afectan. La actriz de Friends ha hablado ahora sobre lo dolorosos que han sido los años de continuos rumores sobre supuestos embarazos y de su lucha por convertirse en madre. Y, aunque con el tiempo ha dejado de preocuparse por cada cosa que dice y por cómo se interpreta en los medios, la intérprete confiesa en Harper’s Bazaar que llega un punto en el que es imposible no hacer caso a la narrativa sobre por qué no era madre: “La historia de que no tendré un bebé, de que no tendré una familia, porque soy egoísta, adicta al trabajo sí, me afecta, soy simplemente un ser humano”. “No sabían mi historia, o por lo que pasé durante 20 años al intentar tener mi propia familia, porque no voy por la vida contando mis problemas médicos”, añade en la edición británica de la revista.

La actriz estuvo casada con Brad Pitt de 2000 a 2005 y se separaron después de que él conociera a Angelina Jolie en rodaje de Sr. y Sra. Smith. En ese entonces ya hubo rumores de que el actor había dejado a Aniston porque ella no quería tener hijos por estar muy centrada en su carrera. Algo “totalmente falso”, dice en la entrevista la también directora y productora de cine. No es la primera vez que Aniston habla públicamente sobre sus intentos de ser madre: rompió el silencio en 2016, cuando decidió que ya era suficiente de tanta especulación y escribió un artículo de opinión para el Huffington Post en el que denunció el comportamiento insensible de los medios, explicó que intentó quedarse embarazada por fecundación in vitro y confesó que le hubiera gustado congelar sus óvulos. “Todos esos años y años de especulación fueron realmente difíciles. Estaba sometiéndome a un proceso de fecundación in vitro, bebiendo tés chinos, lo que fuera, estaba intentándolo todo. Habría dado cualquier cosa si alguien me hubiera dicho: ‘Congela tus óvulos. Hazte un favor’. Pero, simplemente, no lo piensas. Así que aquí estoy. El barco ha zarpado. No me arrepiento de nada”, contó en ese entonces.