Las movilizaciones propalestinas en la Vuelta y las presiones de patrocinadores y organizadores obligan al dueño del equipo ciclista a buscar otra denominación
El Israel se llamaba Israel sencillamente por el orgullo y el capricho de su dueño, el millonario canadienseisraelí Sylvan Adams, que nunca recibió ni subvención ni ayudas del Estado israelí. Fue publicidad gratuita. Lo hizo durante años. Dejará d...
O suscríbete para leer sin límites
e hacerlo el 1 de enero próximo obligado por sus proveedores de bicicletas (la británica Factor), de ropa (la francesa Ekoï) y su patrocinador principal (la tecnológica canadiense Premier Tech, que empezó hace 100 años tratando musgo de turba): o dejáis de llamaros Israel o no seguimos. A ellos se sumaron las últimas semanas organizadores de carreras italianas como el Giro dell’Emillia (el ayuntamiento de Bolonia exigió que le retiraran la invitación), que rechazaron su participación en la media docena de carreras de la primera quincena de octubre, como Bernocchi, Agostoni, Piamonte o Tres Valles Varesinos incluido el Giro de Lombardía, el último Monumento del año. Es la victoria de las movilizaciones propalestinas y en contra del genocidio en Gaza que, protestando por su participación, transformaron las últimas etapas de la Vuelta en una manifestación permanente anti-Israel y el Gobierno de Benjamin Netanyahu, e impidieron que la Vuelta cumpliera sus últimos kilómetros en Madrid. Es una sanción a un país que ningún país ni organización internacional se ha atrevido a tomar. Una victoria de la humanidad. Del deporte.









