Las tortas de hojaldre dulce y anisado pueden servir para mucho más que acompañar un café. Aquí van unas cuantas ideas fáciles y propuestas sacadas de restaurantes
Las tortas de aceite son tradicionales en distintas zonas del centro y sur de España, pero alcanzaron la fama comercial en 1910, cuando Inés Rosales empezó a venderlas envueltas en su característico papel encerado blanco y azul en Castilleja de la Cuesta (Sevilla). Hoy se encuentran en cualquier supermercado, aunque las verdaderamente buenas se reconocen por su textura quebradiza y un sutil toque anisado que las hace inconfundibles.
Además de un bocado gustoso por sí solas, son un ingrediente versátil: tal y como las galletas pueden convertirse en tarta o decorar natillas, las tortas encajan muy bien en recetas tanto dulces como saladas porque tienen esa mezcla equilibrada y ambivalente de sabores. Así que, si quieres ir más allá de comerlas a trocitos a la hora de la merienda, aquí tienes unas cuantas ideas para aprovechar este bien que merecería ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
La cara salada de las tortas de aceite es igual de interesante, porque ese equilibrio entre lo dulce y lo salado las convierte en una base perfecta para aperitivos. Con sobrasada y miel son un clásico —bien conocido por los clientes del barcelonés Fino Bar—, y si además les añades un extra de queso ahumado el resultado es aún más goloso. Con queso cremoso también dan mucho juego: desde queso de untar con cebollino y/o hierbas hasta cremas de quesos gallegos como San Simón, tetilla o Cebreiro, coronadas con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y una pizca de pimienta recién molida.






