Indra apuesta por cuadriplicar su presencia en la isla y hacerse con contratos de defensa antiaérea

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, entendió desde un primer momento que el puente de regreso a la colaboración con la UE, después de los agrios años del Brexit, era la defensa. Bruselas siempre lamentó la pérdida de un socio cuya potencia militar reforzaba el músculo europeo, y Londres entendió pronto que, sin el continente, su posición en el mundo era más débil. La voluntad de Downing Street de dar un salto gigante en su gasto armamentístico y tecnológico, con

el-reino-unido-anuncia-que-aumentara-hasta-el-25-del-pib-su-gasto-en-defensa-para-2027.html" data-link-track-dtm="">el compromiso de llegar al 2,6% del PIB en 2027, ha abierto su mercado a las empresas con ambición de utilizar esta oportunidad.

Entre ellas está la española Indra, cuyo presidente ejecutivo, Ángel Escribano, fue uno de los empresarios presentes en la cumbre bilateral que celebraron los gobiernos británico y español en Londres el 3 de septiembre. Allí expresó su voluntad de ampliar considerablemente su presencia en el Reino Unido, con la previsión incluso de cuadruplicar el número de trabajadores (unos 200) que tiene en la isla. La empresa de defensa española (participada en un 7,2% por Amber Capital, el fondo propiedad de Joseph Oughourlian, presidente del Grupo PRISA al que pertenece EL PAÍS) se ha hecho fuerte en el despliegue de radares para el tráfico aéreo británico y en gestión de movilidad. Bajo su control está la tecnología de túneles para la empresa Transport for London, y gestiona los de Silvertown y Hindhead. También está presente en el aeropuerto de Heathrow, el más importante de la capital británica. Su tecnología mejora la seguridad y la eficiencia de las operaciones en tierra al integrar el seguimiento de las aeronaves con la visualización de la torre de control, algo sumamente complejo en el aeropuerto con más tráfico de Europa.