La serie que protagonizan Jennifer Aniston y Reese Witherspoon sigue siendo, en su cuarta temporada, la mejor manera de entender la crisis informativa contemporánea

El mundo no está dando a The Morning Show (Apple TV+) la importancia que merece. No existe otra serie en este momento —y es un momento que dura años,

.html" data-link-track-dtm="">estamos hablando de su cuarta temporada— que refleje la crisis del periodismo y la transformación de aquello que entendemos por conciencia colectiva. Nadie está dejando tan claro, y de forma tan didáctica y hasta experiencial —el espectador es un integrante más de la cadena, entiende como nunca en qué consiste tener las manos atadas—, que la idea de una única verdad ha muerto. Con ella también lo ha hecho cualquier posibilidad de credibilidad en unos medios tan dependientes de los reajustes de deuda que cualquier riesgo de no contentar a alguien —tomando partido, es decir, haciendo auténtico periodismo— es inasumible. ¿Que aún no se han atrevido a verla? Háganse un favor y no pierdan el tiempo. Está radiografiando el mundo como si fuese, ella misma, el único periódico que está contando la verdad, o la parte más lamentable de ella.

Este es el invento de Jennifer Aniston y Reese Witherspoon, que protagonizan la serie porque primero la impulsaron como productoras, en una suerte de movimiento similar al que sus personajes hacen en pantalla, siendo su cometido el de mostrar de qué forma el periodismo puede convertirse en la única salida a cualquier injusticia, siempre que se practique. Después lo edificó Kerry Ehrin, guionista, por cierto, de Luz de luna. Y ello enmascara en su propia condición de elemento superfluo —un programa matinal que, como dice el personaje de Witherspoon esta temporada, “se dedica a hablar de recetas”— una inigualable capacidad de denuncia. En Estados Unidos hay una guerra ideológica en marcha, y la suspensión del programa de Jimmy Kimmel esta semana —por un comentario que la Casa Blanca ha considerado “inadecuado”— es una buena muestra de ello, y también lo es la querella por difamación del presidente Trump contra The New York Times. Les pide 15.000 millones de dólares.