El suizo, creador de la Laver Cup que se disputa en San Francisco, es uno de los siete deportistas que han alcanzado los 1.000 millones de dólares en ganancias
Despega la octava edición de la Laver Cup, y por ahí transita Roger Federer de un lado a otro, con una sonrisa de oreja a oreja en San Francisco. Al fin y al cabo, el torneo —una selección de figuras confrontadas durante el fin de semana, en representación de Europa y el Resto del Mundo— no deja de ser el juguete preferido del legendario tenista suizo, quien hace tres años se retiró formalmente para saborear lo conseguido y empezar una nueva etapa; esto es, ...
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más familia, más montañas, apariciones las justas y más y más viajes para seguir respondiendo a los múltiples compromisos privados que le ocupan hoy día. A su costado, casi siempre, el inseparable Tony Godsick.
Según contaba el deportista en su día, el agente fue quien le deslizó la posibilidad de edificar una competición como la Laver, inspirándose en el formato de la Ryder Cup del golf y con la idea de que acabara convirtiéndose en una de las citas de referencia del calendario anual. Al parecer, no va por mal camino. No aporta puntos a los tenistas, exige de otro largo desplazamiento nada más haber finalizado el US Open y congestiona todavía más el ya de por sí hipersaturado programa del tenis; sin embargo, frente a la deserción más bien generalizada en la Copa Davis, los mejores acuden sin titubear y entusiasmados ante la llamada del maestro Federer, imán éste en todos los sentidos.







