Empiezan a despejarse las sombras en torno a las motivaciones de Tyler Robinson, el presunto asesino del activista trumpista Charlie Kirk. Las autoridades encargadas de la investigación del crimen que ha partido a Estados Unidos en dos y que ha resucitado los peores fantasmas de la violencia política comparecieron este martes para dar a conocer de qué acusan a Robinson. Son siete delitos, el más grave de los cuales es el de asesinato agravado, que acarrea la posibilidad de la pena de muerte, legal en el Estado de Utah.
Una hora y media después, Robinson compareció ante el juez, Tony Graf, por primera vez. Lo hizo de forma virtual, desde la cárcel en la que está detenido sin posibilidad de fianza en la localidad de Spanish Fork. Vestía un saco de color verde sin mangas que se emplea en el programa para la prevención del suicidio y parecía estar tranquilo. Con gesto impertérrito, asentía levemente a las intervenciones de la Fiscalía y el juez, también cuando este leyó con extraordinario detalle los cargos que pesan contra él, incluida la posibilidad de la pena capital, o, al menos, una condena a cadena perpetua sin fianza. Al final de su intervención, el magistrado lo emplazó para una nueva cita en el juzgado, el 29 de septiembre. El acusado no habló más que para decir su nombre.














