Bloody Sunday. Domingo Sangriento. La matanza de activistas civiles defensores de la no violencia, llevada a cabo por un grupo de soldados británicos del Regimiento Paracaidista en Londonderry (Derry, para los católicos), el 30 de enero de 1972, se convirtió en un símbolo de la causa irlandesa, inmortalizada por el grupo U2 en su canción Sunday Bloody Sunday. 14 personas fallecieron por el fuego indiscriminado de los militares. Por primera vez en más de medio siglo, un soldado se ha sentado este lunes en el banquillo, en un tribunal de Belfast, para responder a la acusación de dos asesinatos (los de James Wray y William McKinney) y de otros cinco intentos de asesinato.
El soldado F., cuya identidad permanece en el anonimato para garantizar su seguridad, se ha declarado no culpable de todos los delitos de los que se le acusa.
A primera hora de la mañana, familiares de las víctimas y ciudadanos que deseaban expresarles su apoyo han desfilado hacia el edificio del tribunal detrás de una pancarta que rezaba “Hacia la Justicia”.
El hermano de uno de los asesinados, McKinney, ha sido tajante en celebrar el momento histórico: “Dentro de nada nos sentaremos en la sala del tribunal con orgullo, con nuestras cabezas bien altas y muy conscientes de que, sea cual sea el resultado final, estamos en el lado correcto de la historia”.












