El Levante, en un ejercicio de resistencia después de un inicio arrebatador, estrenó su casillero de puntos ante un Betis algo irregular, que tuvo la virtud de igualar un 2-0 en contra. Un Betis que salió pasmado al campo y que fue mejorando con el paso del tiempo para dominar de forma absoluta durante buena parte del choque. Fueron hasta 28 remates los realizados por el conjunto verdiblanco, señor del duelo durante casi todo el encuentro, a excepción de los primeros y los últimos minutos. El Levante dominó al principio y al final, cuando estuvo cerca de la victoria. Empezó el partido de manera fantástica y lo acabó bien, cuando parecía que iba a llegar el 2-3 del Betis. Un equipo andaluz en el que volvió Antony, a un aceptable nivel, así como Amrabat o Abde, futbolistas que mejoraron el rendimiento del equipo. El empate, realmente, premió a los dos conjuntos, que utilizaron sus armas para alcanzar un empate como colofón a un choque bastante entretenido.
El Levante dio rienda suelta a toda su frustración y a toda su ira, acumuladas durante tres derrotas, con una salida en tromba que destrozó a un Betis que no sabía por dónde le llovía. En cada duelo ganaba siempre un jugador del Levante, con un ritmo impresionante que desbordaba a un conjunto andaluz donde afloraron los errores defensivos. En un visto y no visto, a los 10 minutos, el Levante ganaba 2-0. Entre la clase de Carlos Álvarez y las definiciones de Iván Romero y Etta Eyong, el Betis se llevaba un sopapo monumental. Con sus centrales, Natan y Valentín Gómez, completamente descolocados, y su centro del campo perdido, el Betis fue arrasado por el Levante. Es cierto que Riquelme pudo hacer el 1-1 con un disparo que se fue al larguero, pero era justo el triunfo del Levante. Su pasión había pasado por encima de la superioridad técnica de los verdiblancos.






