El escritor italiano Stefano Benni, uno de los grandes autores de sátira y literatura humorística de su país, ha fallecido este martes a los 78 años en Bolonia, su ciudad natal, en la residencia de artistas donde vivía. Era un maestro de la sátira por exageración, quizá la única eficaz en un país exagerado, con un ojo finísimo para captar la ironía y el ángulo gracioso insospechado de la vida cotidiana y que al mismo tiempo creaba delirantes mundos inventados. Torrencial, divertidísim...

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o, tenía una creatividad aparentemente inagotable para inventarse personajes, situaciones y despropósitos cómicos, un caos muy italiano en el que millones de lectores se han visto reflejados durante décadas. Es uno de esos autores cuyos libros se suelen ver en las playas italianas, en las manos de un tipo que ríe a carcajadas.

Para hacerse una idea de su impronta en la cultura popular de su país, baste decir que su primer libro, Bar Sport (1976), creó en los setenta el estereotipo del bar italiano como microcosmos donde desfilan todo tipo de parroquianos y vecinos con teorías tan grotescas como sus comportamientos. Estrella indescriptible del libro, la Luisona, una pasta de té exhibida en el aparador desde los años cincuenta, ya objeto decorativo y cementificada, que se come un incauto viajante milanés, al que encuentran luego retorciéndose de dolor al borde de la muerte en los baños de un bar de la autovía. Todavía hoy, ante un debate absurdo o donde cada uno dice la tontería más grande, en Italia se dice que es “una cosa de Bar Sport”. Es decir, Benni ha creado escuela y le han copiado muchísimo.