La pista que llevó a los investigadores a dar con el principal sospechoso del crimen de Sonia Dzouz, la turista francesa de 63 años que murió brutalmente acuchillada el pasado verano mientras se encontraba de vacaciones con su caravana en Alcossebre (7.176 habitantes, Castellón), tardó un tiempo en llegar. Y no fue porque se pasara por alto en las primeras indagaciones, sino porque todavía no se había producido, según explican fuentes conocedoras de la investigación. Meses después de aquel crimen, ocurrido el 18 de julio de 2024, un hermano de Christian Moliner, de 48 años, denunció su desaparición y aseguró que el último día que habían tenido noticias suyas fue el 18 de julio: el día que encontraron a Sonia Dzouz muerta.

Moliner, un ciudadano francés que vivía a caballo entre el municipio de Torreblanca, a unos 12 kilómetros al sur de donde encontraron a Dzouz muerta, y una localidad cercana a Lille, en el norte de Francia, había logrado pasar desapercibido en las pesquisas hasta entonces. En el caso trabajaban los agentes de la Comandancia de Castellón, a los que se sumaron investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, encargados de los casos más complejos. Como es habitual, los agentes estudiaron el entorno y la vida de la víctima, también rastrearon por la zona, por si esos días estuvo cerca alguien con un perfil sospechoso. Moliner, sin antecedentes y sin vinculación conocida con la víctima, no llamó su atención.