Cualquiera tiene una familia. Y pensamientos más o menos revelables sobre ella. No todos, sin embargo, saben contarla como Jim Jarmusch. Ni mucho menos: el cineasta ha obtenido hoy el León de Oro de la 82ª edición del festival de Venecia con Father Mother Sister Brother, un tríptico sobre el entorno más universal, íntimo y extraño del mundo. No hacía falta otro reconocimiento para confirmar el talento único del creador estadounidense, a sus 72 años. O quizás sí, porque su estilo irónico, sutil, sensible y profundo ha encontrado más seguidores que premios. La victoria en la Mostra, de alguna forma, pone de acuerdo a cinéfilos y palmarés. Solo la geopolítica sugiere una discrepancia: La voz de Hind, de Kaouther ben Hania, que narra el asesinato real de una niña palestina a manos del ejército israelí, se quedó con el Gran Premio del Jurado, a un solo paso del triunfo. Fue, eso sí, la película del festival. Tal vez del año. Sin duda, del momento.

Tuvo, aun así, el segundo galardón más importante, para que los gritos de la pequeña resuenen hasta los oídos incluso de quienes aún no quieren escuchar, si los hay. O en el resto de la temporada de premios. No solo la historia, con las dos haches, pedía darle el reconocimiento principal. Por calidad fílmica también lo habría podido merecer. Alexander Payne, presidente del jurado, lo reconoció en la rueda de prensa posterior: “No podemos dar un ex aequo. Si hubiéramos votado el día antes, después, podría haber sido diferente. Los atesoramos, valoramos y protegemos de forma igual en nuestros corazones. Si uno tenía que recibir un premio y el otro otro es por un 0,0000000000001%“.