El presidente ruso, Vladimir Putin. EFE/EPA/ALlexander Kazakov/Sputnik/Kremlin

Moscú (EFE).- El presidente ruso, Vladímir Putin, logró atemperar en Pekín sus tres años y medio de aislamiento por la guerra en Ucrania, al igual que hiciera a mediados de agosto en Alaska, pero los acuerdos que forjó durante su viaje parecen beneficiar más a China que a Rusia.

«¡Gran victoria diplomática!», tituló la prensa rusa y también la extranjera tras la firma de un preacuerdo entre Moscú y Pekín para el tendido de un nuevo gasoducto entre ambos países.

Cierto es que dicho documento fue una sorpresa para los expertos, pero el Kremlin no logró derribar otros obstáculos importantes, ahora que los intercambios comerciales con el gigante asiático han caído por primera vez en muchos años.

El líder ruso sigue siendo un paria en Europa, pero no lo es, ni mucho menos, en la región de Asia-Pacífico. En Pekín pudo reunirse con los líderes de potencias enfrentadas a Occidente como China, India o Irán, además de Turquía o Pakistán.