María Pombo, una de las influencers de estilo de vida más populares de España, con más de tres millones de seguidores solo en Instagram, tenía una estantería vacía en casa. Hace un par de días empezó a decorarla, desembalando y colocando todo tipo de objetos en ella. En los comentarios, alguien dijo que la estantería era preciosísima, pero que si estuviera llena de libros leídos “lo sería mucho más”. Pombo, con cierto mosqueo, contestó diciendo que “hay que empezar a superar que hay gente a la que no le gusta leer, y encima no sois mejores porque os guste leer”. Después, matizaba que sí disfruta de obras sobre sus intereses concretos y enseñaba algunos tomos visuales sobre fotografía o decoración y varios cuentos de sus hijos. La reacción que ha provocado en las redes ha sido sorprendentemente visceral. En un vídeo posterior, respondía a la polémica (“he notado poca comprensión para lo mucho que leéis”) y enseñaba algunos volúmenes más de su mesilla de noche. No entraré demasiado en este insólito debate sobre la moralidad de la lectura porque estoy de acuerdo con ella: ni leer, ni hacer deporte ni tener un doctorado o tres millones de seguidores o mil millones en el banco te hacen mejor que otro ser humano. Me sorprende incluso la alegría con la que se ha planteado la idea de “ser mejor que alguien”. Para que yo me crea superior, el otro ha debido hacer algo muy grave, como asesinar a alguien indefenso o comprarse un Labubu.