La ruptura entre Juan Ayuso y UAE no vira hacia el melancolismo ni deja a los protagonistas para el arrastre en lo anímico, entre pelis y palomitas, quizá botes de helado. Al revés, es un divorcio explosivo y picajoso, con reproches y rencores, malas palabras por doquier, fuego cruzado. Anunciada de mala manera la ruptura entre el corredor y el equipo, todos activan ahora el ventilador para expresar sus lamentos, también sus críticas. “Me he quitado un peso de encima. Estoy contento de hacerlo público, pero no estoy de acuerdo con el comunicado del equipo, del que se me avisó media hora antes, y del que se había dicho que se haría al final de la Vuelta. No sé por qué se ha hecho tan repentino y sin previo aviso… Bueno, sí, porque son ya muchas faltas de respeto y para dañar mi imagen”, se arrancó el corredor antes de la etapa. La situación, con Ayuso todavía en carrera y con el maillot de UAE, tiene miga.

Chirrían ahora las palabras del mánager del equipo, Joxean Matxin, cuando, todavía en Italia y antes de dar el pistoletazo de salida a la edición, le cuestionaron sobre la relación de Ayuso y Almeida, ambos colíderes y sin sintonía alguna como se había visto en la Volta Catalunya de hace dos cursos o en el Tour del pasado. “Está todo muy claro. Es un equipo bastante compensado a nivel deportivo, con tres corredores para afrontar la montaña y otros para todo. Cada uno tiene su espacio, su momento. Y es que si las cosas se hablan desde el principio, hay claridad. Está todo más que claro, es gente muy profesional”, resolvió Matxin en lo que ahora se ha demostrado que fue un buen paripé, toda vez que la historia ha acabado de la peor de las maneras, con el corredor y el equipo a la gresca, todavía con unos meses por delante hasta que se haga realidad su salida, probablemente al Lidl-Trek. Así, a los teatrales abrazos de Matxin a Ayuso tras la victoria de Cerler, le ha seguido un adiós entre tiranteces con Pogacar de fondo.